domingo, 5 de mayo de 2013

Primavera



"Fundida irá la nieve de la cima
al hielo rojo de la tierra parda". (Primavera, Rafael Alberti)

San Martín de Gurullés, Monte de los Pinos/ Ignacio Pulido, 2013


domingo, 28 de abril de 2013

El retorno que soñó Gregorio


Cuando Gregorio Cenitagoya regresó por primera vez a Asturias, en 1961, le invadió la desazón. En 1946 se había exiliado en Francia tras haber participado como voluntario durante la Guerra Civil, ser detenido en varias ocasiones y haberse unido a la guerrilla antifranquista. Hace apenas una semana pisó de nuevo su pueblo, San Esteban de Pravia, con el objeto de presentar un libro de poemas. «Volver ahora es un sueño hecho realidad. Es magnífico», subrayó.

Gregorio nació en Muros de Nalón el 3 abril de 1921. Fue el tercer hijo del bilbaíno José Cenitagoya -obrero del ferrocarril Vasco-Asturiano- y de la gallega Mercedes González. «Como fruto de su matrimonio nacieron once hijos», precisa. Su padre había tenido una vida azarosa. Emigrante en Cuba y México, a su regreso a Europa fue alistado en la Legión Extranjera francesa mediante un engaño. Logró escaparse en 1915 para después ser apresado en la cárcel de Guernica, donde conoció a su futura esposa. Tras ser puesto en libertad, se asentaron en Muros.

Cuando Gregorio apenas tenía tres años de edad, su familia se trasladó a San Esteban de Pravia. «Fueron los años más felices de mi vida. Jugábamos en El Garruncho, íbamos a pescar cangrejos y quisquillas y subíamos en lanchas hasta El Castillo para bañarnos», subraya.

La Revolución de 1934 cambió sus vidas. José estaba afiliado al Partido Comunista desde 1923. Él y su hijo de mayor edad, Pepe, participaron en la huelga revolucionaria. «Mi padre tuvo que escapar a Francia y mi hermano fue detenido y torturado», comenta. Su madre se quedó sola con siete hijos a su cargo y Gregorio se vio obligado a dejar la escuela para trabajar en el puerto.

Gregorio Cenitagoya gesticula durante una conversación/ Ignacio Pulido

Durante la campaña electoral de febrero de 1936, Gregorio apoyó al Frente Popular. «Cuando ganamos el 23 de febrero, ya veíamos venir la que se avecinaba», reconoce. Su memoria le permite recordar el estallido de la contienda con claridad. «Se organizó un comité de guerra en la Junta de Obras del Puerto. La primer acción consistió en tomar el cuartel de la Guardia Civil. No obstante, los guardias habían huido», explica. La familia Cenitagoya permaneció en el pueblo hasta que fue evacuado, coincidiendo con el avance de la columna gallega de Prado, que tomó sus calles el 7 de septiembre de 1936.

«Mi padre nos embarcó en el tren con destino a las cuencas mineras a siete hermanos y a mi madre. Él organizó la voladura del puente de Soto del Barco», rememora y prosigue señalando que, tras un primer intento fallido, los milicianos lograron volar dos tramos del viaducto. «Fallaron y tuvieron que ir de noche a las cuencas mineras en un coche para buscar más dinamita», asegura.

Mientras que el grueso de la familia fue evacuada a Figaredo y después a Avilés, José Cenitagoya se incorporó al comité organizado en el castillo de San Martín. «Durante una visita al frente del Nalón presencié los preparativos de un desembarco con el que se pretendía hacer una maniobra envolvente sobre San Esteban», señala. En 2007, Gabino Díaz, vecino de La Imera, se refirió a un hecho similar, en el que las tropas republicanas se adentraron sin éxito en la veiga de Los Cabos.

Siguiendo los pasos del primogénito, Gregorio y su hermano pequeño, Adolfo, se alistaron voluntariamente. «Fui destinado a un batallón de minadores-zapadores que estaba fortificando el frente en Candamo», comenta. Poco después, fue integrado en la primera compañía del batallón «Pablo Iglesias», comandado por Faustino Muñiz. «Mi tarea era realizar labores de correo y ayudante de cocina», concreta.

Gregorio Cenitagoya en San Esteban de Pravia/ Ignacio Pulido

En el frente del sector del Escamplero presenció los durísimos combates del pasillo de Grado. «Estábamos en una posición conocida como “La Loma”, en zona de La Trecha. Desde allí divisábamos el monte de Los Pinos», explica. Fue testigo de «una gran ofensiva». «Los vascos llegaron con nuevos fusiles. Pensé que nos íbamos a comer al enemigo pero todo fue un fracaso. El batallón “Larrañaga” se quedó emboscado y hubo muchos muertos y heridos», lamenta.

Durante un permiso en Avilés para visitar a su madre, sufrió un bombardeo de la aviación rebelde cuando ayudaba a unos heridos a la entrada de un refugio. Perdió un pulmón y sufrió daños en el ojo izquierdo. «Me recuperé rápido y regresé al frente», subraya.

Sin embargo, la situación comenzaba a ser insostenible para los republicanos. En plena debacle, el Partido Comunista organizó la evacuación de centenares de niños, entre ellos cinco hermanos de Gregorio: Adolfo, Paco, Carmen, Manuel y Mercedes. El 24 de septiembre de 1937 zarparon de El Musel con dirección a Saint Eser (Francia). Luego hicieron escala en Londres y desde allí partieron a Leningrado, a donde llegaron el día 3 de octubre. «Me enteré cuando estaba en el frente, ni siquiera pude despedirme de ellos. Nunca más volvimos a estar todos juntos», recalca. Años  más tarde, sus padres también recalarían en la URSS.

Los bombardeos sobre Gijón y Avilés se intensificaron. «Un teniente me dio permiso para visitar a mi madre. Mi calle parecía un paisaje lunar. Pensé que ella y a mi hermana de tres años habían muerto, pero estaban bien», afirma emocionado. No regresó al campo de batalla. Un día después se inició la evacuación del frente. «El puerto de Avilés era un caos, lleno de soldados que buscaban sitio en vaporas para huir», afirma. Gregorio y su madre intentaron embarcar pero prefirieron refugiarse en las cuencas mineras con la esperanza de encontrar a su padre. No pudieron. Las tropas regulares se lo impidieron en Busdongo. También probaron suerte en Gijón, pero El Musel ya tan sólo era un escenario de desolación. «La gente se suicidaba al no encontrar barcos. Decidimos regresar a Avilés», indica.

Gregorio Cenitagoya se abraza a Manuel González, vecino de San Esteban de Pravia/ Ignacio Pulido

Se inició de este modo un calvario para ellos. Poco después, su madre, que había formado parte del comité de Avilés, fue reconocida por un grupo de falangistas de su pueblo. Estuvo detenida en Avilés y, tras librarse in extremis de ser fusilada en el pinar de Salinas fue recluida en San Esteban, en los almacenes de Gurín. «La visité allí y me detuvieron », comenta. Luego fue confinado en un campo de concentración de Candás, en la fábrica de conservas Alfageme. «Nos pusieron a construir la carretera del cabo Peñas. Fue durísimo pero logré escaparme y volver al pueblo», rememora.

Su madre había sido trasladada a la cárcel de Pravia, estando embarazada de mellizos. Él, por su parte, se vio obligado a abandonar de nuevo San Esteban tras sufrir una paliza cuando recogía carbón en las vías del tren. «Me quisieron matar. Huí a Galicia con mis abuelos. Allí me reencontré con mi padre, y posteriormente con mi hermano. Mi madre fue trasladada a Bilbao», comenta.

Inició entonces un periplo por España junto a su progenitor, ganándose la vida cómo podían y alternando periodos en prisión. Su madre fue puesta en libertad, junto a sus mellizos, tras cuatro años de reclusión y Gregorio regresó a Galicia, donde participó en la organización de la resistencia antifranquista. Allí conoció a su esposa, Fina López. Asimismo, antes del fallido intento de la guerrilla de iniciar una invasión a través del valle de Arán, Gregorio contactó con los escapados que se encontraban en la zona de Salas. «Mi hermano se encontraba allí trabajando en la construcción del tren que iba a comunicar con Villablino y que, finalmente, se abandonó», señala.

En 1946, decepcionado por la decisión de los aliados de no intervenir en España, se exilió en Francia, donde ya estaban su hermano y su padre. Durante cinco años trabajó allí y ahorró para comprarse un pasaje junto a su mujer y su hijo, Carlos, con destino a Sudamérica. «Estuve diez años allí», afirma. En 1960, intentó entrar España sin éxito. Fue detenido en Irún y devuelto a Francia después de varios días. Luego, tras obtener pasaporte, volvió a viajar a Asturias y Galicia.

Gregorio Cenitagoya en la playa de El Garruncho/ Ignacio Pulido
 
 Volver a vivir en su pueblo dejó de ser una opción. «Hice mi familia en Francia con mi esposa, con la que compartí sesenta y un años de vida», subraya. Actualmente, sólo viven cuatro de sus hermanos. Su padre falleció en Bilbao en 1985 y su madre en Rusia, donde fue enterrada.

El 17 de abril Gregorio volvió a sentir la brisa del Cantábrico en el «El Garruncho» y a pisar San Esteban, ese lugar que como él mismo escribió «Fue en este pueblo de mi niñez/ de juegos, de amor y trabajo/ lo que en mi vida más me ha marcado». 
 
Ignacio Pulido/ San Esteban de Pravia (Publicado en LNE el 28 de abril de 2013

lunes, 22 de abril de 2013

Nosolofotografía #04

Inspirado en la película "Badlands" (Terrence Malick, 1973) he realizado esta ilustración que se suma a la sección "Nosolofotografía" del blog. Asimismo, os invito a que visitéis mi perfil en Society6. Allí podréis encontrar numerosos productos realizados con mis dibujos.

Badlands (Ilustración digital, 30x 30cm)/ Ignacio Pulido, 2013

jueves, 11 de abril de 2013

Hasta siempre, Ténicu

Tuve la suerte de conocer a José Antonio Costales Montequín, "El Ténicu de Peón", a mediados de octubre de 2010. Por aquel entonces, él se hallaba inmerso en la cosecha de la uva que cultivaba en su finca a orillas del río España. Durante una excursión a varios viñedos de Cataluña "El Ténicu" decidió hacerse con varias cepas y plantarlas en su terreno. En su bodega, comenzó a elaborar su propio vino, que obtuvo una calificación de notable en el Servicio de Investigación y Desarrollo Agroalimentario (Serida). Llegó a producir 1.200 litros de caldo que repartía entre sus vecinos, amigos y todo aquel que se dejaba caer por su casa, donde había regentado un bar-tienda junto a su esposa, María Luisa Riestra, y donde conservaba con cariño una colección de radios antiguas adquirida tras años reparando electrodomésticos.

La última vez que coincidimos fue el pasado 15 de febrero. "El Ténicu" sufría los achaques del reuma y llevaba varios días sin apenas salir de su hogar. A pesar de todo, no dudó a la hora de recibirme. Charlamos durante un buen rato y me comentó con orgullo que había comenzado a hacer sidra con gas. No en vano, tenía buena mano para estos menesteres. En 2011 había alcanzado un cuarto puesto en el VI Concurso de Sidra Casera del concejo de Villaviciosa. Me despedí de él con la promesa de hacerle llegar un par de fotos.

Días depués le envié una carta con dos imágenes. La misiva nunca fue respondida. Decidí darle un tiempo. Siempre contestaba. Supuse que podría estar enfermo. Tampoco respondía a las llamadas de teléfono. Hoy, por casualidad, he leído en un breve publicado el pasado 23 de marzo que "El Ténicu" había fallecido en Gijón dos días antes. Tenía 83 años de edad. Aquella última tarde en la que charlamos, me comentó como siendo un guaje estuvo a punto de perder la vida tras caer de cabeza desde de un árbol mientras cogía nidos. "El Ténicu" tuvo en aquella ocasión los arrestos suficientes para salir corriendo varios kilómetros en busca de ayuda hasta caer rendido. Tras varios días en coma, recuperó su salud paulatinamente. En esta ocasión, su vitalidad y ganas de hacer cosas no fueron suficientes. Hasta siempre, Ténicu.


Blue in green


lunes, 1 de abril de 2013

Nosolofotografía #03

Subo al blog una nueva entrada perteneciente a la sección "Nosolofotografía". En esta ocasión, se trata de una ilustración dedicada al mundo del hampa. El póster puede ser vuestro por un módico precio.

Lucky Luciano (35 x 45 cm)/ Ignacio Pulido, 2013

lunes, 18 de marzo de 2013

Enjoy the silence


"Words are very unnecessary
They can only do harm" (Enjoy the silence, Depeche Mode)

viernes, 15 de marzo de 2013

Guardianes del Paraíso

Durante las últimas semanas, el blog ha permanecido inactivo hasta hace apenas unos días. Tras retomar su actividad comparto una pequeña parte del trabajo que he estado realizando durante todo este tiempo. En concreto, a finales del año pasado una agencia de publicidad me ofreció la posibilidad de realizar las fotografías de su proyecto "Guardianes del Paraíso", la nueva campaña de la Sociedad Regional de Turismo. La idea era dar forma a una serie fotográfica partiendo de la estética de mi colección de retratos "Los rostros del mundo rural" -en la que trabajo esporádicamente desde 2009- y de las fotografías que realizo para La Nueva España desde 2008. Tras una primera fase "teaser" la campaña ya ha sido dada a conocer y puedo mostrar alguno de los retratos realizados.

Paralelamente a los primeros compases de la campaña ha surgido una polémica, la cual no voy a valorar puesto que mi trabajo se limitó única y exclusivamente a cumplir con mis compromisos laborales. Tan sólo señalar que en medio de esta problemática, el periodista Jaime Santos ha sentido que se atentaba contra su trabajo, concretamente contra el documental "Los guardianes de la cultura rural", el cual tuve la oportunidad de visionar por primera vez días atrás. No voy a ser yo quién pronuncie ningún juicio puesto que simplemente soy un humilde fotógrafo que trata de sacar su trabajo adelante y no me encuentro involucrado en esta situación. Tan sólo puedo decir que el trabajo de Santos me ha parecido muy interesante y que deseo que, sea cuál sea la solución, sea la mejor para las partes implicadas.

Eutimio Busta, hostelero (Lastres, 2013)/ Ignacio Pulido
Antonio Díaz, navajero (Taramundi, 2013)/ Ignacio Pulido
César Fernández, skater (Avilés, 2013)/ Ignacio Pulido
Fran Ordóñez, lagarero (Nava, 2013)/ Ignacio Pulido
Jéssica López, quesera (Sotres, 2013)/ Ignacio Pulido
Javier F. Cadrecha, guía de cañones y de montaña (Valdemora, 2013)/ Ignacio Pulido
Juan Lozano, madreñero (Caso, 2013)/ Ignacio Pulido
Liborio Llera, redero (Lastres, 2013)/ Ignacio Pulido
Luis Legaspi, herrero (Teixois, 2013)/ Ignacio Pulido
Martín González, carpintero de ribera (Piñera, 2013)/ Ignacio Pulido