miércoles 15 de febrero de 2012

Dead souls

"Where figures from the past stand tall,
And mocking voices ring the halls.
Imperialistic house of prayer,
Conquistadors who took their share.

That keep calling me,
They keep calling me,
Keep on calling me,
They keep calling me..." (Dead Souls, Joy Division)

domingo 29 de enero de 2012

If 6 was 9


"If the sun refused to shine,
I don't mind, I don't mind.
If the mountains fell in the sea,
Let it be, it ain't me.
Got my own world to live through
And I ain't gonna copy you". (If 6 was 9, The Jimi Hendrix Experience)

sábado 21 de enero de 2012

Rostros del mundo rural: Libertad Fernández

Libertad Fernández/ Ignacio Pulido (Cuero, Asturias)

«Esto fue lo único que quedó en casa tras la guerra», señala Libertad Fernández Fernández mientras dirige su mirada a un viejo organillo arrinconado en una esquina de su comercio. El instrumento aún funciona. En su interior un rodillo repleto de púas marca las pautas que dan lugar a diez melodías. Las mismas canciones que tan sólo fueron silenciadas por el fragor de la contienda.

Libertad recuerda con añoranza a sus padres, José y Elvira. «Él emigró a Cuba y regresó, después de varios años, en 1918. Un año después contrajo matrimonio con mi madre, que era natural de La Mata», comenta. El dinero obtenido en las antillas permitió al matrimonio abrir un comercio en Piñeres (Aller). A la par, inició la construcción de su propia casa en Cuero, a donde trasladaron su negocio -Ca’José Severo- en 1927.

José y Elvira tuvieron cinco hijos. Ambos se las apañaban para sacar adelante su establecimiento. «Mi padre vendía por las mañanas el pan de la panadería “El Progreso”, de Grado y por las tardes regentaba el comercio», comenta Libertad, nacida en 1928. Las cosas iban bien para la familia pero la guerra cercenó sus planes. El frente se estableció en el pueblo. «Pasábamos la mitad del día refugiados en una alcantarilla bajo la carretera», subraya. La situación se enquistó y Elvira fue evacuada junto a sus cinco hijos. «Nos instalamos en un hórreo de Ventosa y luego en Ferreras. Mi padre se quedó cuidando de nuestra casa», matiza. Cuero cayó en manos de las tropas rebeldes y José, de ideas progresistas, se refugió en Navelgas.

La caída del frente norte permitió a la familia regresar a su hogar, donde la contienda había causado estragos. Los soldados habían saqueado el comercio, ni siquiera conservaba sus ventanas. El paso de la guerra tan sólo había dejado tras de sí al viejo organillo. Poco después José fue detenido mientras llevaba unos cerdos al tren. «Estuvo diez años preso en las cárceles de Oviedo, Santiago de Compostela y Celanova», precisa. Elvira tuvo que sacar a su familia adelante y hacer frente a las constantes sanciones del nuevo régimen. «La maestra y el cura del pueblo me impidieron llamarme Libertad. Me llamaban María. Desde que salí de la escuela empleo mi nombre original», enfatiza.

La vida tenía que seguir su curso. Los sábados y los domingos eran día de baile en el salón del comercio. El organillo amenizaba a los mozos. Los días de fiesta la orquesta «Boston» de Pravia se llevaba la palma. «Los chavales que trabajaban en la fábrica de Trubia venían en bicicleta. Podían permitírsela», puntualiza. Cada cierto tiempo el pueblo recibía la visita del titiritero «Cara Jaula» y de sus hijos. «Era un auténtico artista», recalca. El mago «Canisca» era otro de los espectáculos de varieté que recorrían los embarrados caminos de Candamo en aquella época.

Cuando José fue puesto en libertad sus hijos ya eran mozos. La prisión le había pasado factura. Libertad observa un retrato de su padre. «Cuando le tomaron esa foto tenía cincuenta y pocos años pero aparentaba la edad de un paisano de setenta», afirma. Elvira y José fallecieron a temprana edad. «Ella murió hace cincuenta y cuatro años. Él hace medio siglo. Estaba muy fastidiado», precisa.

En 1957 Libertad tomó las riendas de su comercio, al que rebautizó con su nombre. «Me puse al frente tras casarme», señala. Tiene madera de comerciante. Su negocio logró sobrevivir al paso del tiempo. «En Cuero llegaron a contarse tres bares-tienda. Éste es el único que sigue abierto», comenta. Tras una vida dedicada al trabajo Libertad se retiró en 1993 y cedió el relevo a su hija Mari Paz Fernández. «De todos modos, ando estorbando por aquí todos los días», concluye entre risas.

martes 17 de enero de 2012

Fernando Beltrán

Fernando Beltrán/ Ignacio Pulido, Novellana, Enero 2012

El serbio que destruye un colegio soy yo,
el ruandés que mata a machetazos soy yo,
el terrorista que coloca la bomba soy yo,
el hombre que dispara en un supermercado de Texas soy yo,
el judío que bombardea un campo de refugiados soy yo,
el palestino que clama en el desierto soy yo,
el albanés que huye en un barco soy yo,
el marroquí que se ahoga al cruzar el estrecho soy yo,
el guerrillero que aún sueña en El Salvador soy yo,
el médico sin fronteras soy yo,
el general que apunta soy yo,
el empresario que emite residuos radiactivos soy yo,
el enamorado que mata por amor soy yo,
el loco que muere por amor soy yo,
el político sin escrúpulos soy yo,
el funcionario corrupto soy yo,
el funcionario honrado soy yo,
el hombre capaz de lo mejor,
el hombre capaz de lo peor,
el hombre a secas, yo.

("Los otros, los demás, ellos", La semana fantástica (1999), Fernando Beltrán)